Al analizar la tríada de emoción, satisfacción y salud, queda claro que el bienestar no puede ser reducido a cifras clínicas. Bajo la perspectiva de Ferrans, la verdadera calidad de vida emerge cuando el individuo logra un nivel óptimo de satisfacción en sus dimensiones más profundas.
En conclusión, la emoción no es solo una respuesta pasajera, sino el filtro a través del cual valoramos nuestra existencia. Entender la salud desde este modelo nos invita a pasar de un sistema de cuidado reactivo a uno integral, donde promover la satisfacción personal y el equilibrio emocional sea tan prioritario como tratar la patología física. Solo cuando atendemos la dimensión psicológica y espiritual del ser humano, podemos hablar de una salud auténtica y duradera.