• LA MENTE

    La mente es producto de la actividad eléctrica cerebral.

  • LOS PENSAMIENTOS

    Aquietar la mente, redirigir los pensamientos para hacer a la acción más eficaz.

  • Equilibrio

    Equilibrio entre pensamiento, palabra y acción, es armonía.

  • ARMONÍA

    La armonía es sosiego y serenidad.

  • FLUIR

    El momento es ahora.

Obesidad: lo que conviene saber y cómo cuidarte

5/10/26 0 comments


Persona obesa caminando por un sendero iluminado

 

La obesidad

 

Comprenderla es el primer paso para cuidar la salud



Durante mucho tiempo, la obesidad se ha explicado como el resultado de comer demasiado y moverse poco. Sin embargo, hoy sabemos que es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, en la que intervienen la biología, la genética, los hábitos alimentarios, la cultura, el entorno socioeconómico; el descanso, los estados de ánimo, determinados medicamentos, entre otros factores. 

No significa negar la importancia de la alimentación o la actividad física, significa reconocer que el peso corporal está regulado por muchos mecanismos y que su tratamiento no puede reducirse a decirle a una persona que tenga “más fuerza de voluntad”.

En este primer artículo de la serie sobre obesidad, veremos qué es la obesidad, por qué puede aparecer, cómo afecta a la salud y cuáles son las bases generales para abordarla; además de recomendaciones para empezar hoy mismo a cuidarte.

En próximas publicaciones  profundizaremos por separado en sus distintas causas, enfermedades asociadas y tratamientos específicos.


¿Qué es realmente la obesidad?



La obesidad es una enfermedad crónica caracterizada por una acumulación o distribución excesiva de tejido adiposo que puede perjudicar la salud.

El tejido adiposo, o grasa corporal, no es únicamente un almacén de energía. También produce: hormonas y otras sustancias que participan en la regulación del apetito, la inflamación, la sensibilidad a la insulina y el funcionamiento de distintos órganos.

Cuando la grasa corporal aumenta demasiado, se distribuye principalmente alrededor de los órganos o empieza a funcionar de forma anormal, puede favorecer alteraciones metabólicas y mecánicas. No obstante, sus efectos no son iguales en todas las personas: dos individuos con un peso parecido pueden presentar riesgos y necesidades muy diferentes.


La obesidad no se define únicamente por el peso



El índice de masa corporal o IMC se calcula dividiendo el peso en kilogramos entre la talla en metros al cuadrado:

IMC = peso ÷ talla²

De manera convencional, en adultos se considera:

  • sobrepeso: IMC entre 25 y 29,9;

  • obesidad grado I: entre 30 y 34,9;

  • obesidad grado II: entre 35 y 39,9;

  • obesidad grado III: 40 o más.

El IMC es útil como primera aproximación, pero tiene limitaciones. No distingue entre grasa y músculo, no muestra dónde se acumula la grasa ni indica por sí solo si ya existe daño en la salud.


 la valoración actual también considera:


  • El perímetro de cintura  (grasa corporal abdominal);

  • La presión arterial;

  • La glucosa y los lípidos (grasas) en sangre;

  • La función hepática y renal;

  • El sueño y la respiración nocturna (ronquidos)

  • La movilidad, la fuerza y la capacidad para realizar actividades cotidianas;

  • El bienestar emocional y la calidad de vida.


La medicina actual avanza hacia una idea sencilla: no debemos tratar únicamente una cifra, sino valorar cómo el exceso de grasa corporal está afectando a la persona.




Por qué se desarrolla la obesidad



El peso aumenta cuando durante un periodo prolongado, el organismo almacena más energía de la que utiliza en forma de grasa corporal. Pero esta explicación no aclara por qué unas personas ganan peso con mayor facilidad que otras, ni por qué resulta tan difícil mantener el peso perdido.


En la regulación del peso participan:


El cerebro, El hipotálamo y los circuitos cerebrales de recompensa

El aparato digestivo (desde la masticación del alimento, su procesamiento,  hasta su eliminación) 

La grasa corporal, 

El músculo 

Y el sistema endocrino (hormonas). 


Estos circuitos cerebrales reciben señales relacionadas con el hambre, la saciedad, el placer y las reservas energéticas.



Predisposición biológica y genética



La genética puede influir en: 


El apetito y la sensación de saciedad, 

La preferencia por determinados alimentos, 

El gasto energético,

Y la manera de almacenar grasa. 


Esto significa que las mismas condiciones ambientales no afectan a todas las personas del mismo modo.


Entorno y disponibilidad de alimentos


Vivimos en un entorno que facilita el consumo de productos muy energéticos y ultraprocesados, bebidas azucaradas y porciones grandes. Al mismo tiempo, muchas jornadas laborales, desplazamientos y responsabilidades reducen el tiempo disponible para cocinar, descansar o mantenerse activo.

El precio de los alimentos, el nivel socioeconómico, la vivienda, el acceso a espacios seguros ( lugares donde realizar actividad física  sin exponerse a riesgos reales o percibidos) y las posibilidades reales de conciliación (capacidad de compatibilizar trabajo, desplazamientos, cuidados familiares, tareas domésticas, descanso y autocuidado) todo esto también influyen. 

La obesidad no puede entenderse ignorando estas condiciones.

El entorno físico y la organización cotidiana pueden facilitar o dificultar que una persona se mueva, descanse y se alimente adecuadamente.


Sueño y estrés


Dormir poco, mantener horarios irregulares o padecer apnea del sueño, puede alterar el apetito, la sensibilidad a la insulina y la energía disponible para realizar actividad física.

El estrés crónico también puede favorecer peor descanso, alimentación emocional y menor autocuidado. La respuesta, sin embargo, varía entre personas: no todo el mundo come más ni gana peso ante el estrés.


Descanso reparador beneficios y recomendaciones.

Estrés crónico síntomas, consecuencias y tratamiento basado en la evidencia científica.


Medicamentos y enfermedades asociadas


Algunos fármacos pueden facilitar la ganancia de peso, entre ellos determinados corticoides, antipsicóticos, antidepresivos, antiepilépticos y tratamientos para la diabetes. Esto no significa que deban suspenderse: la medicación siempre debe revisarse con el profesional que la ha indicado.

Algunas alteraciones hormonales, como el hipotiroidismo o el síndrome de Cushing, aunque explican una minoría de los casos. Por ello, las pruebas se solicitan según los síntomas y la historia clínica, y no de forma indiscriminada.

La obesidad  entonces, no depende exclusivamente de decisiones individuales. 


¿Por qué cuesta mantener el peso perdido?


Cuando una persona pierde peso, el organismo interpreta que sus reservas energéticas han disminuido y activa mecanismos de defensa:

  • Puede aumentar el hambre;

  • Disminuir la sensación de saciedad;

  • Gastar algo menos de energía;

  • Alimentos muy apetecibles pueden resultar más difíciles de ignorar.


Estas adaptaciones ayudan a comprender por qué recuperar parte del peso es frecuente. No representan un fracaso personal: forman parte de la biología de una enfermedad crónica. Por eso el acompañamiento y el seguimiento a largo plazo son tan importantes.

En próximos artículos abordaremos este tema basado en la evidencia científica.




Obesidad cómo puede afectar tu salud



La obesidad no produce todas las complicaciones, pero aumenta la probabilidad de desarrollar diferentes problemas:

  • Resistencia a la insulina, prediabetes y diabetes tipo 2;

  • Hipertensión, alteraciones del colesterol y enfermedades cardiovasculares;

  • Acumulación de grasa en el hígado y, en algunas personas, inflamación y fibrosis hepática;

  • Apnea obstructiva del sueño y problemas respiratorios;

  • Artrosis, dolor musculoesquelético y limitación de la movilidad;

  • Enfermedad renal, reflujo gastroesofágico y cálculos biliares;

  • Alteraciones menstruales, síndrome de ovario poliquístico y problemas de fertilidad;

  • Mayor riesgo de algunos tipos de cáncer;

  • Depresión, ansiedad, estigma y deterioro de la calidad de vida.







Sigue estos links si quieres profundizar en lo qué debes saber sobre estas patologías y cómo cuidarte

También puede aparecer una combinación de exceso de grasa y reducción de la masa o la fuerza muscular. Esta situación, conocida como obesidad sarcopénica, puede afectar especialmente a personas mayores, con enfermedades crónicas o con pérdidas rápidas de peso.


La obesidad también puede afectar sin alterar mucho los análisis


Una persona puede presentar glucosa, colesterol o presión arterial dentro de los límites normales y, aun así, tener exceso de grasa corporal, apnea del sueño, dolor articular, dificultad para moverse o un riesgo cardiovascular elevado.

Por el contrario, otra persona con un aumento de peso menos llamativo puede acumular más grasa visceral y presentar diabetes, hígado graso o hipertensión.

Esta variabilidad explica por qué la revisión médica debe ser individualizada y no limitarse al peso ni a una sola analítica.


¿Cómo se realiza la valoración médica?



La consulta suele comenzar reconstruyendo la historia del peso: cuándo empezó, cambios recientes, intentos anteriores por rebajar, tratamientos recibidos, tipo de alimentación y actividad física.

Presencia de hambre emocional y saciedad; sueño, estrés y estado emocional; esto es importante para evaluar la salud mental y la conducta alimentaria. Y acontecimientos personales relevantes.


Examen físico completo además del peso y la talla, pueden medirse el perímetro de cintura y, cuando esté indicado,  la capacidad funcional.

Las pruebas más habituales pueden incluir glucosa, hemoglobina glucosilada, colesterol, triglicéridos, función hepática y renal. Según cada caso, se estudian la función tiroidea, el riesgo de apnea del sueño, la fibrosis hepática, la salud cardiovascular o posibles deficiencias nutricionales. No todas las personas necesitan las mismas pruebas. 




Cómo se trata la obesidad


El tratamiento busca mejorar la salud global, la función, la movilidad y la calidad de vida.

Debe adaptarse a las circunstancias, preferencias culturales alimentarias, enfermedades asociadas y posibilidades reales de cada persona.


Alimentación 


Según los últimos estudios el objetivo es reducir la grasa corporal, con lo cual sigue siendo necesario que durante un tiempo, la ingesta energética sea inferior al gasto energético total. 

La guía NICE de 2025 lo expresa así: se recomienda una alimentación nutricionalmente adecuada, flexible y adaptada a la persona, en lugar de asignar la misma cifra de calorías a todo el mundo. NICE

La meta es diseñar una dieta hipocalórica (baja en calorías), de acuerdo a la actividad física, que aporte suficientes proteínas, fibra, vitaminas y minerales.


España cuenta con sus propias recomendaciones oficiales, desarrolladas por la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). Estas guías se inspiran en la dieta mediterránea, un patrón alimentario ligado a la salud cardiovascular y a la prevención de enfermedades crónicas.


Los pilares de esta dieta son:



Alimentos recomendados en la dieta mediterránea



Hace mención la SENC en sus recomendaciones la actividad física, el descanso adecuado y la vida social, como parte integral de la salud.

La dieta mediterránea no solo es un patrón nutricional, sino también un estilo de vida cultural basado en la sostenibilidad, la cocina tradicional y la socialización en torno a la mesa.

En próximas entregas completaremos esta información con estrategias dietéticas basadas en estudios clínicos.


Nutrición: conceptos esenciales que debes saber

Clasificación de los alimentos: desde los nutrientes hasta el procesamiento

Los 4 pilares de la alimentación consciente para una perdida de peso saludable y sostenible.



Actividad física

Lo primero en valorar es qué puede hacer la persona ahora. esto es importante en la obesidad de moderada a grave. 

Hay que evaluar 

La tolerancia al esfuerzo físico, 

La movilidad articular global,

Dolor articular con los movimientos, 

El equilibrio, 

La fuerza 

Y la actividad física previa. 

A partir de la evaluación, se propondría una actividad aeróbica tolerable en sesiones que pueda repetir, junto con ejercicios de fuerza adaptada dos días por semana, e ir incrementado a tolerancia.

Caminar no tiene por qué ser la única opción si provoca dolor o limita la continuidad; La bicicleta estática y el ejercicio acuático son alternativas según la persona.

El ejercicio regular puede mejorar la presión arterial, la glucosa, el sueño, el estado de ánimo, la capacidad cardiorrespiratoria y la fuerza. Debe adaptarse a la condición física, el dolor, la movilidad y las enfermedades asociadas.


Consulta médica antes de comenzar un plan de ejercicio.

Porque es tan bueno caminar

El hábito de ponerse en forma


Conducta alimentaria y salud emocional



Valorar la salud mental y la conducta alimentaria desde el inicio permite escoger un tratamiento más adecuado.

Es fundamental explorar la relación de la persona con la comida, lo que puede facilitar el proceso. 

Cuando existe una alteración en la conducta alimentaria como la presencia de atracones, ansiedad, depresión o alimentación emocional, la atención psicológica forma parte del tratamiento y no debe verse como un complemento menor.


Medicamentos indicados para la obesidad


En algunas personas están indicados medicamentos que actúan sobre el hambre, la saciedad o la absorción de nutrientes. Los nuevos tratamientos han mejorado las posibilidades de conseguir una pérdida de peso clínicamente significativa, pero requieren prescripción, seguimiento y valoración de beneficios, efectos adversos y contraindicaciones.


Cirugía bariátrica/metabólica


La cirugía puede ser una opción eficaz en determinados casos de obesidad grave o enfermedad metabólica. Requiere evaluación multidisciplinar y seguimiento nutricional y médico permanente.

Las opciones terapéuticas se combinan según la gravedad de la obesidad y las necesidades del paciente.


Recomendaciones útiles para empezar a cuidarte



No es necesario intentar modificarlo todo al mismo tiempo. 

 


Un inicio realista puede consistir en:


  • Disminuir los dulces, las bebidas azucaradas y el alcohol;

  • Incluir más alimentos frescos y menos procesados;

  • Mantener horarios de comida  regulares;

  • Aumentar poco a poco la actividad física o el tiempo activo;

  • Incorporar ejercicios de fuerza adaptados;

  • Reducir periodos prolongados sentado;

  • Establecer un horario de sueño más regular;

  • Solicitar ayuda profesional si existen atracones, dolor, fatiga o limitaciones de movilidad.


El cambio más útil es el que puede mantenerse y convertirse en parte de la vida diaria.


Crononutrición cuándo comer para cuidar tu metabolismo, tu salud y mantener el peso de forma saludable.

Ejercicio físico Vs sedentarismo porqué es importante movernos.





Cuándo conviene consultar por obesidad



¿Cuándo conviene consultar?



  • El peso aumenta rápidamente o sin una causa aparente;

  • Existen ronquidos intensos, pausas respiratorias o somnolencia diurna;

  • Aparecen hipertensión, glucosa elevada o alteraciones hepáticas;

  • Dolor o limitación para caminar y realizar tareas cotidianas;

  • Atracones, pérdida de control o gran preocupación por la comida;

  • El peso afecta al bienestar emocional o a la calidad de vida;

  • Está considerando utilizar medicamentos o productos para adelgazar;

  • Los intentos realizados no han funcionado o el peso se recupera repetidamente.


Consultar no significa que haya que empezar un tratamiento farmacológico o quirúrgico, significa realizar una valoración completa y decidir qué ayuda puede resultar útil.


Evitar el estigma también forma parte del tratamiento


Las bromas, la culpa y la discriminación no motivan: dañan la salud mental, favorecen el aislamiento y pueden hacer que las personas eviten las consultas médicas.

Reconocer la obesidad como enfermedad no elimina la responsabilidad personal, pero la sitúa dentro de un contexto biológico y social real. 

La responsabilidad compartida permite buscar soluciones; la culpabilización suele paralizarlas.


Conclusión


La obesidad es mucho más que una cifra en la báscula. Es una enfermedad crónica compleja, en un contexto biopsicosocial.

Su valoración debe ser integral y considerar si ya existen complicaciones.

El tratamiento debe integrar alimentación, tipo de ejercicio, el descanso, apoyo conductual, medicamentos y cirugía (según el caso).

El primer objetivo no tiene que ser alcanzar un “peso ideal”, sino avanzar hacia una mejor salud, mediante cambios de estilo de vida  que puedan mantenerse a largo plazo.


Preguntas frecuentes


Preguntas frecuentes


¿La obesidad es siempre consecuencia de comer demasiado?


Existe un desequilibrio energético mantenido, pero sus causas pueden ser biológicas, ambientales, sociales, emocionales o farmacológicas. La conducta alimentaria está regulada por hormonas y circuitos cerebrales.

¿Puede existir obesidad con análisis normales?


Sí. Puede no haber alteraciones metabólicas evidentes en ese momento, aunque exista mayor riesgo futuro.

¿El IMC sirve para diagnosticarla?


Es una herramienta inicial, pero debe complementarse con otros parámetros.

¿Perder un poco de peso puede mejorar la salud?


Sí. Una reducción mantenida del 5–10 % puede producir mejoras metabólicas importantes, aunque el objetivo depende de las complicaciones y necesidades individuales. 

¿Los medicamentos sustituyen los hábitos saludables?


No. Pueden facilitar el control del apetito y mejorar los resultados en personas seleccionadas, pero se utilizan dentro de un tratamiento integral y requieren seguimiento.

¿Recuperar peso significa que el tratamiento ha fracasado?


No necesariamente. La recuperación es frecuente debido a adaptaciones biológicas. Puede indicar que es necesario revisar el plan, intensificar el apoyo o utilizar otras herramientas terapéuticas.


Fuentes consultadas


  1. Rubino F, et al. Definition and diagnostic criteria of clinical obesity: The Lancet Diabetes & Endocrinology Commission (2025).

  2. NCD Risk Factor Collaboration. Worldwide trends in underweight and obesity from 1990 to 2022 (The Lancet, 2024).

  3. Wharton S, et al. Obesity in adults: a clinical practice guideline (CMAJ, 2020).

  4. World Health Organization. Obesity and overweight.

  5. AESAN e Instituto de Salud Carlos III. Datos de sobrepeso y obesidad en España: estudio ENE-COVID.


Hasta el próximo artículo...


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Estrés, colesterol y salud cardiovascular 

Hipertensión y los estados de ánimo una relación más cercana de lo que parece.

El impacto de la ira, la rabia y el rencor en la salud cardiovascular.

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Estrés, colesterol y salud cardiovascular: cómo las emociones también pueden afectar tus arterias

10/9/26 0 comments

 

Persona estresada se muestra la conexión entre colesterol, cerebro, corazón y arterias


Estrés, colesterol y salud cardiovascular


Cuando pensamos en colesterol alto o dislipidemia, normalmente imaginamos:

  • alimentación,

  • grasas,

  • azúcar,

  • sedentarismo.

Sin embargo, en los últimos años la ciencia ha descubierto que el estrés psicológico crónico también puede influir en la salud cardiovascular y en el metabolismo de las grasas.

Actualmente sabemos que el estrés mantenido no solo afecta la mente sino también puede alterar:

El sistema endocrino  (las hormonas), 

Producir inflamación, 

Aumentar la presión arterial, la glucosa y favorecer el daño en  las arterias.

En personas que ya tienen placas de colesterol o aterosclerosis, esto puede ser todavía más importante.



¿Qué es la dislipidemia?



La dislipidemia es una alteración de las grasas en sangre, principalmente:

  • colesterol LDL elevado (“colesterol malo”),

  • triglicéridos altos,

  • HDL bajo (“colesterol bueno”).

Con el tiempo, estas alteraciones pueden favorecer la acumulación de grasa en las arterias.


Zonas cerebrales activadas durante el estrés


¿Qué ocurre en el cuerpo durante el estrés?


Cuando una persona vive con un estrés continuo, el organismo entra en “modo alerta”, manteniendo las zonas cerebrales activadas, a pesar de a ver resuelto el conflicto (estrés agudo).

El cerebro activa varios sistemas hormonales y nerviosos:

Aumenta el cortisol, la adrenalina y noradrenalina.

Estas sustancias químicas son útiles en situaciones puntuales de alarma y peligro, pero cuando permanecen elevadas mucho tiempo pueden afectar negativamente al metabolismo y al sistema cardiovascular.


¿El estrés puede afectar el colesterol?


Sí. Diversos estudios clínicos han encontrado relación entre estrés psicológico y:

  • Aumento de los triglicéridos,

  • Aumento del colesterol LDL,

  • Descenso del colesterol HDL,

  • Mayor inflamación vascular.

Además, el estrés suele favorecer hábitos que empeoran el perfil lipídico:

  • Comer rápido y más cantidad.

  • Ansiedad por alimentos dulces o ultraprocesados,

  • Peor descanso, no sueño reparador,

  • Tendencia a realizar menos ejercicio, más sedentarismo,

  • Aumento en el consumo del tabaco, alcohol y otras sustancias psicoactivas en algunas personas.


El estrés también afecta las arterias


Hoy sabemos que la aterosclerosis no es solo “grasa pegada en las arterias”.

También existe:

  • inflamación,

  • estrés oxidativo,

  • daño vascular,

  • activación inmunológica.

El estrés crónico puede favorecer:

  • inflamación de bajo grado,

  • aumento de presión arterial,

  • daño del endotelio (la capa interna de las arterias),

  • mayor rigidez vascular.


¿Qué pasa si ya existen placas de colesterol?


Un punto muy importante. No todas las placas son iguales.

Algunas son:

  • más estables,

  • fibrosas,

  • menos peligrosas.

Otras pueden:

  • estar más inflamadas,

  • ser más vulnerables,

  • y más propensas a romperse.

Cuando existe estrés mantenido en el tiempo:

  • aumenta la presión arterial,

  • aumenta la activación simpática,

  • aumenta la inflamación,

  • aumenta la activación de las plaquetas.

Todo esto puede favorecer problemas cardiovasculares en personas vulnerables.




Estrés, inflamación y trombos


La ciencia moderna ha observado que el estrés prolongado puede favorecer un ambiente más “procoagulante”.

Esto significa:

  • mayor activación plaquetaria,

  • más inflamación vascular,

  • mayor facilidad para formar trombos en ciertas situaciones.

Por eso el control del estrés también forma parte de la prevención cardiovascular moderna.


circulo metabólico entre grasa abdominal y cortisol


La grasa abdominal y el cortisol



El cortisol elevado  (hormona del estrés) durante mucho tiempo puede favorecer:

  • aumento del apetito,

  • acumulación de grasa abdominal,

  • resistencia a la insulina,

  • glicemia inestable

  • alteración del colesterol y triglicéridos.

La grasa visceral además produce sustancias inflamatorias que empeoran aún más el metabolismo.


Diabetes Mellitus: lo que debes saber y cómo cuidarte


El sueño reparador también importa


Dormir mal afecta:

  • El cortisol,

  • la glucosa,

  • El apetito,

  • La presión arterial,

  • El metabolismo de las grasas.

Muchas personas con estrés crónico:

  • duermen peor,

  • descansan menos,

  • tienen más ansiedad alimentaria,

  • y realizan menos actividad física.


Sueño reparador



Señales de que el estrés podría estar afectando tu salud metabólica



  • cansancio frecuente, mareos,

  • ansiedad e irritabilidad frecuente,

  • hambre emocional, atracones,

  • aumento de grasa abdominal,

  • Palpitaciones, dolor de cabeza, hipertensión,

  • colesterol y triglicéridos elevados,

  • glucosa inestable,

  • insomnio,

  • sensación continua de alerta.


¿Qué puedes hacer para proteger tu corazón?



Los hábitos son el primer paso para la prevención en salud


1. Caminar, moverte o hacer ejercicio 


Incluso pequeños paseos ayudan al metabolismo y a reducir la tensión emocional.

¿Por qué es tan bueno caminar?


2. Alimentación tipo mediterránea


Priorizar alimentos naturales:

  • verduras, vegetales, hortalizas,

  • frutas,

  • legumbres,

  • Harinas y cereales integrales

  • aceite de oliva o girasol,

  • pescado, carnes blancas

  • frutos secos.

  • Evitando harinas refinadas, azúcar y sal en exceso, bollería industrial, ultraprocesados. Y recuerde es evitarlo, no es una prohibición absoluta, a menos que su médico se lo indicque.




3. Dormir mejor


El descanso es parte del tratamiento cardiovascular.


4. Reducir sedentarismo


Moverse varias veces al día ayuda más de lo que muchas personas creen.


5. Aprender a bajar el nivel de alerta


  • Utilizar la respiración lenta y profunda,

  • Hacer pausas mentales, 

  • Practicar mindfulness, meditar o cualquier otra técnica.

  • leer sobre temas que te gusten o entretengan,

  • La música y el baile ayudan mucho a relajarte,

  • Desconectarte y salir a tomar contacto con la naturaleza,

  • Realizar ejercicio regularmente.



ojos pendientes alerta con la información
 Importante



El estrés no suele ser la única causa del colesterol o triglicéridos aumentados o de la aterosclerosis, pero puede actuar como:


“acelerador silencioso”.


Especialmente cuando se combina con:

  • mala alimentación,

  • sedentarismo,

  • obesidad abdominal,

  • hipertensión,

  • diabetes,

  • tabaquismo.


Conclusión


La dislipidemia no depende únicamente de lo que comemos. El estrés, las emociones, el sueño reparador, el ejercicio y el estilo de vida, también influyen profundamente en la salud cardiovascular, el estado de las arterias y en el metabolismo.

Hoy la medicina entiende la dislipidemia y la aterosclerosis desde una visión mucho más integral:

  • metabólica,

  • inflamatoria,

  • vascular,

  • emocional.

Cuidar la salud mental también puede convertirse en una forma de cuidar el corazón.


Hasta el próximo artículo...


Te dejo estos artículos que te pueden interesar para profundizar en estos temas:


Dislipidemia, colesterol y triglicéridos altos: lo que debes saber y cómo cuidarte

¿El estrés y la ansiedad pueden subir el azúcar en sangre? Lo que dice la ciencia

Hipertensión y estado de ánimo: una relación más cercana de lo que parece

Ejercicio físico Vs sedentarismo

Ejercicios bioenergéticos: usa la respiración profunda y consciente para la calma emocional

El vínculo vital: emoción, estrés y la arquitectura de la salud


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¿Por qué aplicar correctamente el protector solar es tan importante?

7/9/26 0 comments



Persona aplicando el protector solar de forma correcta



Aplicar protector solar no siempre significa estar bien protegido



Cada verano millones de personas utilizan protector solar convencidas de que están protegidas frente a la radiación ultravioleta. Sin embargo, numerosos estudios muestran que la mayoría aplica una cantidad insuficiente de producto, lo distribuye de forma irregular o se olvida de reaplicarlo cuando es necesario.

Como consecuencia, un protector solar SPF 50 puede ofrecer una protección muy inferior a la indicada en el envase si no se utiliza correctamente.

La eficacia de un fotoprotector depende tanto de su formulación como de la cantidad aplicada, la forma de extenderlo y la frecuencia con la que se reaplica.

Aprender a utilizarlo correctamente es una de las medidas más eficaces para prevenir las quemaduras solares, el fotoenvejecimiento y el cáncer de piel.


¿Por qué es tan importante aplicar bien el protector solar?



Cuando un protector solar llega al mercado, su eficacia se ha evaluado en estudios realizados siguiendo un protocolo internacional.

En estas pruebas se aplica una cantidad muy concreta:

2 miligramos de protector por cada centímetro cuadrado de piel (2 mg/cm²).


Ese valor puede parecer poco importante, pero constituye la base sobre la que se calcula el Factor de Protección Solar (SPF) que aparece en el envase.

Si se aplica menos cantidad, la protección disminuye de forma importante.

Por ejemplo, una persona que utiliza aproximadamente la mitad del producto recomendado no obtiene la mitad de la protección, sino una protección mucho menor, ya que la relación entre cantidad aplicada y eficacia no es lineal.

Esto explica por qué algunas personas sufren quemaduras solares incluso utilizando un protector SPF 50.


¿Cuánta cantidad utiliza realmente la mayoría de las personas?


La evidencia científica demuestra que la mayoría de los usuarios aplica únicamente entre el 25 % y el 50 % de la cantidad utilizada durante los ensayos clínicos.

Las causas más frecuentes son:

  • Intentar que el envase dure más tiempo.

  • Aplicar solo una capa muy fina.

  • Miedo a notar la piel grasa.

  • Desconocimiento sobre la cantidad necesaria.

  • Uso de sprays sin extender el producto.

Como consecuencia, el nivel real de protección suele ser considerablemente inferior al esperado.


La regla de los dos dedos


Para facilitar una aplicación correcta, los dermatólogos utilizan una recomendación muy sencilla conocida como la regla de los dos dedos.

Consiste en colocar una línea continua de protector solar sobre el dedo índice y otra sobre el dedo corazón (medio), desde la base hasta la punta.

Esa cantidad suele ser suficiente para cubrir correctamente:

  • Cara.

  • Orejas.

  • Cuello.

No se trata de una medida exacta para todas las personas, ya que depende del tamaño del rostro, pero constituye una guía práctica muy útil y fácil de recordar.


Consejo de los especialistas

 

No olvides proteger zonas que con frecuencia pasan desapercibidas, como las orejas, el nacimiento del cabello y la nuca. Son áreas donde los dermatólogos diagnostican con frecuencia lesiones producidas por el sol.


¿Cuánto protector solar necesita un adulto?


Para cubrir correctamente todo el cuerpo, un adulto necesita aproximadamente 30 a 35 ml de protector solar.

En la práctica, muchas personas utilizan menos de la mitad.


Cantidad orientativa por zonas corporales


Zona corporal

Cantidad aproximada
Cara, orejas y cuelloRegla de los dos dedos (≈1–1,2 g)

Cuero cabelludo (si está expuesto)
Cantidad adicional según la superficie

Cada brazo
≈3 g

Pecho
≈3 g

Abdomen
≈3 g

Espalda
≈3 g

Cada pierna
≈6 g
PiesAplicación específica, incluyendo empeines y dedos

Total aproximado
30–35 ml


Estas cantidades son orientativas. Las personas de mayor tamaño corporal pueden necesitar algo más de producto.


Zonas olvidadas de proteger



Las zonas que más olvidamos proteger


Los estudios muestran que existen áreas donde con frecuencia se aplica menos protector del necesario.

Las más olvidadas son:

  • Orejas.

  • Nuca.

  • Cuero cabelludo en personas con poco cabello.

  • Párpados (utilizando productos aptos para esta zona).

  • Nariz.

  • Labios.

  • Empeines.

  • Dedos de los pies.

  • Parte posterior de las piernas.

  • Dorso de las manos.


Estas zonas reciben una cantidad importante de radiación ultravioleta y pueden desarrollar quemaduras, lesiones precancerosas y cáncer de piel.

Los labios merecen una mención especial. La piel de esta zona es muy fina y carece de la protección que proporciona la melanina en otras partes del cuerpo. Utilizar un protector labial con SPF ayuda a prevenir la queilitis actínica (lesión inflamatoria crónica causada por la exposición prolongada de los rayos UV) y otras lesiones inducidas por el sol.


¿Es suficiente aplicar una sola capa?


No siempre. En personas con piel muy clara, antecedentes de cáncer de piel o durante exposiciones prolongadas, algunos dermatólogos recomiendan aplicar el protector en dos capas finas consecutivas.

Esta técnica favorece una distribución más uniforme y ayuda a cubrir las zonas que pueden haber quedado sin proteger durante la primera aplicación.

No significa utilizar el doble de cantidad, sino repartirla de manera más homogénea.


¿Qué ocurre si utilizo muy poco protector?


Aplicar una cantidad insuficiente puede tener varias consecuencias:

  • Disminuye la protección frente a la radiación UVB y UVA.

  • Aumenta el riesgo de quemaduras solares.

  • Favorece el fotoenvejecimiento.

  • Incrementa la probabilidad de daño acumulativo en el ADN de las células cutáneas.

Por este motivo, los dermatólogos insisten en que la cantidad aplicada es casi tan importante como el SPF elegido.


Lo que dice la evidencia científica


Diversos estudios han demostrado que la mayoría de las personas aplica menos protector solar del recomendado, lo que reduce significativamente la protección real obtenida. Las guías internacionales continúan considerando los 2 mg/cm² como el estándar para alcanzar el SPF indicado en el envase. Por ello, conocer la cantidad adecuada y utilizar métodos sencillos como la regla de los dos dedos mejora la eficacia de la fotoprotección y reduce el riesgo de lesiones cutáneas relacionadas con la radiación ultravioleta.


La cantidad de protector solar no es el único factor que determina la protección real. 

El momento de aplicación

La reaplicación

El tipo de actividad al aire libre y la duración a la exposición solar

Y el formato del producto también importa




Persona aplicando y reaplicando el protector de la forma más eficaz


¿Cuándo debemos aplicar el protector solar?



Lo ideal es aplicar el protector antes de iniciar la exposición solar, cubriendo cuidadosamente todas las zonas que van a quedar expuestas.

Muchos protectores actuales comienzan a formar una película protectora desde el momento de su aplicación. Sin embargo, aplicarlo con cierta antelación —aproximadamente 15-30 minutos antes de salir— tiene una ventaja práctica: permite distribuirlo uniformemente, dejar que se asiente sobre la piel y evitar que inmediatamente después lo eliminemos parcialmente con la ropa, el sudor o el agua.

No debemos esperar a llegar a la playa o a notar que el sol “quema”. La radiación ultravioleta comienza a actuar desde el inicio de la exposición.

Y algo importante: los días nublados no equivalen a días sin radiación ultravioleta. Parte de la radiación UV atraviesa las nubes, por lo que la protección sigue siendo necesaria cuando la exposición lo justifique.

El peligro del "reflejo" en la arena y el agua

Aunque lleves sombrero y estés bajo la sombra de una sombrilla, los rayos ultravioleta se reflejan con mucha fuerza. La arena de la playa refleja hasta un 15% de la radiación UV y el agua del mar hasta un 10%. Esto significa que los rayos te siguen impactando desde abajo y desde los lados, por lo que el protector solar sigue siendo imprescindible en la piel expuesta, incluso bajo la sombra.

El viento y la falsa sensación de seguridad

A primera hora de la mañana en la playa suele correr una brisa fresca muy agradable. El viento disminuye el calor térmico (los rayos infrarrojos), pero no reduce en absoluto la radiación ultravioleta (UV). Tu piel no sentirá calor, pero se estará exponiendo de igual manera al daño solar si la intensidad del índice UV ya es moderada o alta.

Las gafas de sol deben tener un filtro UV

Para proteger tus ojos de problemas como la fotoqueratitis, quemadura en la superficie del ojo, por exposición a los rayos UV. Asegúrate de que tus gafas tengan un filtro que indique UV 400 o Protección 100% contra los rayos UVA y UVB. Si las gafas son oscuras pero no tienen filtro real, tus pupilas se dilatarán por la oscuridad y dejarán pasar todavía más radiación dañina al interior del ojo.

¿Cada cuánto debemos reaplicarlo?


Como orientación general, durante una exposición mantenida al aire libre se recomienda reaplicar aproximadamente cada dos horas.

Hay circunstancias en las que debemos reaplicarlo antes:

  • Después de bañarnos en el mar.

  • Tras sudar abundantemente.

  • Después de secarnos con la toalla.

  • Si hemos realizado ejercicio intenso, por la sudoración. 

  • Si el producto se ha eliminado por roce.

  • Quienes practican deporte al aire libre necesitan productos adaptados a estas circunstancias.

    Las características ideales son:

    • SPF 50+.

    • Resistente al agua.

    • Resistente al sudor.

    • Textura ligera.

    • No irritante para los ojos.


Incluso los protectores etiquetados como resistentes al agua necesitan reaplicación. Resistente al agua no significa impermeable ni que mantenga indefinidamente toda su capacidad protectora.

La reaplicación intenta mantener una película suficientemente homogénea sobre la piel. Agua, sudor, fricción y paso del tiempo pueden alterar esa película.


Protección solar según entorno, playa, montaña, deporte al aire libre, ciudad


Playa y piscina: agua, arena y muchas horas de exposición



En la playa y la piscina coinciden varios factores: exposición prolongada, pocas prendas de vestir, agua, sudor y secado frecuente con toallas.

En estas situaciones debemos prestar especial atención a:

  • Utilizar un protector de amplio espectro y adecuado para la actividad.

  • Aplicar una cantidad suficiente. Regla de los 2 dedos.

  • Elegir productos resistentes al agua cuando vayamos a bañarnos.

  • Reaplicar después del baño y del secado.

  • No olvidar orejas, empeines, hombros, nuca, cuero cabelludo expuesto y parte posterior de las piernas.

El protector solar, además, no sustituye a la sombra, la ropa, el sombrero ni otras medidas de fotoprotección.


Montaña: cuando la altura también importa



En la montaña podemos tener una falsa sensación de seguridad porque la temperatura suele ser más agradable.

Sin embargo, la exposición ultravioleta (RUV) puede ser considerable y aumenta con la altitud. Si además existe nieve, su capacidad para reflejar radiación incrementa todavía más la exposición.

Por ello, en senderismo, esquí y otras actividades de montaña debemos proteger especialmente cara, labios, orejas y cuello, además de utilizar gafas y prendas apropiadas.


¿Y en la ciudad?


La exposición urbana suele ser diferente de la de la playa: pequeños periodos acumulados al caminar, conducir, esperar el transporte público, tomar algo en una terraza o realizar actividades cotidianas.

Por eso, la estrategia debe adaptarse a nuestra exposición real.

En las zonas habitualmente descubiertas —especialmente cara, cuello, escote, orejas y manos— puede ser útil integrar la fotoprotección dentro de la rutina diaria, sobre todo durante los meses de mayor radiación o en personas con especial sensibilidad al sol, antecedentes de cáncer cutáneo, tratamientos fotosensibilizantes, melasma u otras alteraciones de la pigmentación.

La fotoprotección también debe ser razonable y adaptarse al contexto.


Deporte al aire libre


Correr, montar en bicicleta, practicar senderismo, jugar al tenis o realizar cualquier actividad prolongada al aire libre plantea un problema adicional: el sudor y el roce.

En estas situaciones resulta especialmente útil:

  • Aplicar el protector antes de comenzar.

  • Elegir fórmulas resistentes al agua y al sudor.

  • Evitar productos que produzcan molestias importantes al llegar a los ojos.

  • Reaplicar durante actividades prolongadas.

  • Complementar con gorra, gafas, ropa técnica y búsqueda de sombra cuando sea posible.

En deportes acuáticos o actividades de varias horas, la reaplicación adquiere todavía mayor importancia.



Protector solar y maquillaje: ¿en qué orden?


En una rutina habitual, el protector solar se aplica después de los productos de cuidado de la piel y antes del maquillaje.

Una secuencia sencilla sería:

limpieza → hidratación/tratamiento → protector solar → maquillaje.

Conviene dejar que el protector forme una película uniforme antes del maquillaje y evitar frotar excesivamente después.

El maquillaje con SPF aporta protección adicional, pero no debería ser nuestra única estrategia de fotoprotección, porque normalmente utilizamos una cantidad de maquillaje mucho menor que la necesaria para alcanzar el SPF indicado.

Para reaplicar durante el día existen diferentes formatos —sticks, brumas, compactos o productos específicos para aplicar sobre el maquillaje—, las cremas con color son ideales si deseas sustituir la base de maquillaje, pero el objetivo sigue siendo el mismo: conseguir una cobertura suficiente y uniforme.


Formatos protector solar cremas, lociones, spray, muosse



Crema, loción, spray, stick o mousse: ¿protegen igual?



El formato no determina por sí solo si un protector es bueno o malo. Lo importante es que proporcione la protección indicada y que podamos aplicarlo en cantidad suficiente y de manera homogénea.


Crema


Suele facilitar una aplicación controlada y uniforme. Puede resultar especialmente agradable en piel normal o seca y en cara y cuello.


Loción o fluido


Se extiende fácilmente y de forma uniforma sobre superficies amplias y puede resultar más cómoda para quienes prefieren texturas ligeras o tienen piel grasa.


Spray


Es práctico para grandes superficies y zonas de difícil acceso, pero tiene un inconveniente: es fácil aplicar menos cantidad de la necesaria.

Debemos pulverizar generosamente y, cuando las instrucciones del producto lo indiquen, extender después para conseguir una cobertura homogénea. 


Stick


Es muy útil para pequeñas zonas concretas como nariz, pómulos, labios o cicatrices. Para conseguir una cobertura adecuada deben realizarse varias pasadas y asegurarse de que no queden espacios sin producto.


Mousse


Puede resultar agradable y fácil de extender, pero nuevamente debemos recordar que una textura ligera no significa que una pequeña cantidad sea suficiente.

En definitiva, el mejor formato es aquel que nos permite utilizar correctamente el protector y que estamos dispuestos a usar de forma constante.


¿Puedo utilizar el protector solar del año anterior?



Depende. Un protector solar abierto el verano anterior no tiene que desecharse automáticamente si todavía se encuentra dentro de su periodo de utilización recomendado y se ha conservado correctamente.

En el envase podemos encontrar el símbolo de un pequeño tarro abierto acompañado de indicaciones como 6M, 12M o 18M. Es el PAO (Period After Opening) e indica durante cuántos meses se considera adecuado utilizar el producto después de abrirlo, siempre que se haya almacenado correctamente.

Por ejemplo, 12M significa 12 meses desde su apertura.

El problema es que los protectores solares suelen acompañarnos precisamente a lugares poco favorables para su conservación: coches calientes, bolsos expuestos al sol, playas y ambientes con temperaturas elevadas.

Si observamos cambios importantes de olor, color, textura, separación de fases o consistencia, es preferible no utilizarlo.

Una recomendación sencilla puede ayudarnos: anotar en el envase la fecha en la que lo abrimos.


¿Y si el protector está caducado?


Si el producto presenta una fecha de caducidad y esta ha pasado, lo recomendable es sustituirlo.

Los filtros solares y, sobre todo, la formulación que permite distribuirlos de manera uniforme pueden deteriorarse con el tiempo y con unas condiciones inadecuadas de almacenamiento. No podemos asumir que un producto caducado vaya a proporcionar el nivel de protección indicado en su etiqueta.

Cuando hablamos de fotoprotección, utilizar un producto en buenas condiciones forma parte de la protección.



Protector solar caducado



Conclusión: 


Un SPF alto no compensa una mala aplicación Podemos comprar un protector de excelente calidad, de amplio espectro y con un SPF elevado. Pero su eficacia real dependerá también de cómo lo utilicemos.

Aplicar poca cantidad, dejar zonas descubiertas, no reaplicar después del baño o utilizar un producto deteriorado puede reducir considerablemente la protección eficaz.

Elegir bien + aplicar suficiente + cubrir toda la piel expuesta + reaplicar cuando sea necesario + combinar con otras medidas de protección.

La sombra, la ropa adecuada, las gafas de sol, el sombrero, evitar exposiciones innecesariamente prolongadas y adaptar nuestras actividades a la intensidad de la radiación continúan siendo fundamentales.


Disfrutar de los beneficios del sol reduciendo aquellos riesgos que sí podemos prevenir.

 


Fuentes consultadas


  • Organización Mundial de la Salud (OMS).

  • Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV).

  • American Academy of Dermatology (AAD).

  • European Academy of Dermatology and Venereology (EADV).

  • ISO 24444 (Determinación del Factor de Protección Solar).

  • Skin Cancer Foundation.



Hasta el próximo artículo...



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