La obesidad
Comprenderla es el primer paso para cuidar la salud
Durante mucho tiempo, la obesidad se ha explicado como el resultado de comer demasiado y moverse poco. Sin embargo, hoy sabemos que es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, en la que intervienen la biología, la genética, los hábitos alimentarios, la cultura, el entorno socioeconómico; el descanso, los estados de ánimo, determinados medicamentos, entre otros factores.
No significa negar la importancia de la alimentación o la actividad física, significa reconocer que el peso corporal está regulado por muchos mecanismos y que su tratamiento no puede reducirse a decirle a una persona que tenga “más fuerza de voluntad”.
En este primer artículo de la serie sobre obesidad, veremos qué es la obesidad, por qué puede aparecer, cómo afecta a la salud y cuáles son las bases generales para abordarla; además de recomendaciones para empezar hoy mismo a cuidarte.
En próximas publicaciones profundizaremos por separado en sus distintas causas, enfermedades asociadas y tratamientos específicos.
¿Qué es realmente la obesidad?
La obesidad es una enfermedad crónica caracterizada por una acumulación o distribución excesiva de tejido adiposo que puede perjudicar la salud.
El tejido adiposo, o grasa corporal, no es únicamente un almacén de energía. También produce: hormonas y otras sustancias que participan en la regulación del apetito, la inflamación, la sensibilidad a la insulina y el funcionamiento de distintos órganos.
Cuando la grasa corporal aumenta demasiado, se distribuye principalmente alrededor de los órganos o empieza a funcionar de forma anormal, puede favorecer alteraciones metabólicas y mecánicas. No obstante, sus efectos no son iguales en todas las personas: dos individuos con un peso parecido pueden presentar riesgos y necesidades muy diferentes.
La obesidad no se define únicamente por el peso
El índice de masa corporal o IMC se calcula dividiendo el peso en kilogramos entre la talla en metros al cuadrado:
IMC = peso ÷ talla²
De manera convencional, en adultos se considera:
sobrepeso: IMC entre 25 y 29,9;
obesidad grado I: entre 30 y 34,9;
obesidad grado II: entre 35 y 39,9;
obesidad grado III: 40 o más.
El IMC es útil como primera aproximación, pero tiene limitaciones. No distingue entre grasa y músculo, no muestra dónde se acumula la grasa ni indica por sí solo si ya existe daño en la salud.
la valoración actual también considera:
El perímetro de cintura (grasa corporal abdominal);
La presión arterial;
La glucosa y los lípidos (grasas) en sangre;
La función hepática y renal;
El sueño y la respiración nocturna (ronquidos)
La movilidad, la fuerza y la capacidad para realizar actividades cotidianas;
El bienestar emocional y la calidad de vida.
La medicina actual avanza hacia una idea sencilla: no debemos tratar únicamente una cifra, sino valorar cómo el exceso de grasa corporal está afectando a la persona.
El peso aumenta cuando durante un periodo prolongado, el organismo almacena más energía de la que utiliza en forma de grasa corporal. Pero esta explicación no aclara por qué unas personas ganan peso con mayor facilidad que otras, ni por qué resulta tan difícil mantener el peso perdido.
En la regulación del peso participan:
El cerebro, El hipotálamo y los circuitos cerebrales de recompensa
El aparato digestivo (desde la masticación del alimento, su procesamiento, hasta su eliminación)
La grasa corporal,
El músculo
Y el sistema endocrino (hormonas).
Estos circuitos cerebrales reciben señales relacionadas con el hambre, la saciedad, el placer y las reservas energéticas.
Predisposición biológica y genética
La genética puede influir en:
El apetito y la sensación de saciedad,
La preferencia por determinados alimentos,
El gasto energético,
Y la manera de almacenar grasa.
Esto significa que las mismas condiciones ambientales no afectan a todas las personas del mismo modo.
Entorno y disponibilidad de alimentos
Vivimos en un entorno que facilita el consumo de productos muy energéticos y ultraprocesados, bebidas azucaradas y porciones grandes. Al mismo tiempo, muchas jornadas laborales, desplazamientos y responsabilidades reducen el tiempo disponible para cocinar, descansar o mantenerse activo.
El precio de los alimentos, el nivel socioeconómico, la vivienda, el acceso a espacios seguros ( lugares donde realizar actividad física sin exponerse a riesgos reales o percibidos) y las posibilidades reales de conciliación (capacidad de compatibilizar trabajo, desplazamientos, cuidados familiares, tareas domésticas, descanso y autocuidado) todo esto también influyen.
La obesidad no puede entenderse ignorando estas condiciones.
El entorno físico y la organización cotidiana pueden facilitar o dificultar que una persona se mueva, descanse y se alimente adecuadamente.
Sueño y estrés
Dormir poco, mantener horarios irregulares o padecer apnea del sueño, puede alterar el apetito, la sensibilidad a la insulina y la energía disponible para realizar actividad física.
El estrés crónico también puede favorecer peor descanso, alimentación emocional y menor autocuidado. La respuesta, sin embargo, varía entre personas: no todo el mundo come más ni gana peso ante el estrés.
Descanso reparador beneficios y recomendaciones.
Estrés crónico síntomas, consecuencias y tratamiento basado en la evidencia científica.
Medicamentos y enfermedades asociadas
Algunos fármacos pueden facilitar la ganancia de peso, entre ellos determinados corticoides, antipsicóticos, antidepresivos, antiepilépticos y tratamientos para la diabetes. Esto no significa que deban suspenderse: la medicación siempre debe revisarse con el profesional que la ha indicado.
Algunas alteraciones hormonales, como el hipotiroidismo o el síndrome de Cushing, aunque explican una minoría de los casos. Por ello, las pruebas se solicitan según los síntomas y la historia clínica, y no de forma indiscriminada.
La obesidad entonces, no depende exclusivamente de decisiones individuales.
¿Por qué cuesta mantener el peso perdido?
Cuando una persona pierde peso, el organismo interpreta que sus reservas energéticas han disminuido y activa mecanismos de defensa:
Puede aumentar el hambre;
Disminuir la sensación de saciedad;
Gastar algo menos de energía;
Alimentos muy apetecibles pueden resultar más difíciles de ignorar.
Estas adaptaciones ayudan a comprender por qué recuperar parte del peso es frecuente. No representan un fracaso personal: forman parte de la biología de una enfermedad crónica. Por eso el acompañamiento y el seguimiento a largo plazo son tan importantes.
En próximos artículos abordaremos este tema basado en la evidencia científica.
La obesidad no produce todas las complicaciones, pero aumenta la probabilidad de desarrollar diferentes problemas:
Resistencia a la insulina, prediabetes y diabetes tipo 2;
Hipertensión, alteraciones del colesterol y enfermedades cardiovasculares;
Acumulación de grasa en el hígado y, en algunas personas, inflamación y fibrosis hepática;
Apnea obstructiva del sueño y problemas respiratorios;
Artrosis, dolor musculoesquelético y limitación de la movilidad;
Enfermedad renal, reflujo gastroesofágico y cálculos biliares;
Alteraciones menstruales, síndrome de ovario poliquístico y problemas de fertilidad;
Mayor riesgo de algunos tipos de cáncer;
Depresión, ansiedad, estigma y deterioro de la calidad de vida.
También puede aparecer una combinación de exceso de grasa y reducción de la masa o la fuerza muscular. Esta situación, conocida como obesidad sarcopénica, puede afectar especialmente a personas mayores, con enfermedades crónicas o con pérdidas rápidas de peso.
La obesidad también puede afectar sin alterar mucho los análisis
Una persona puede presentar glucosa, colesterol o presión arterial dentro de los límites normales y, aun así, tener exceso de grasa corporal, apnea del sueño, dolor articular, dificultad para moverse o un riesgo cardiovascular elevado.
Por el contrario, otra persona con un aumento de peso menos llamativo puede acumular más grasa visceral y presentar diabetes, hígado graso o hipertensión.
Esta variabilidad explica por qué la revisión médica debe ser individualizada y no limitarse al peso ni a una sola analítica.
¿Cómo se realiza la valoración médica?
La consulta suele comenzar reconstruyendo la historia del peso: cuándo empezó, cambios recientes, intentos anteriores por rebajar, tratamientos recibidos, tipo de alimentación y actividad física.
Presencia de hambre emocional y saciedad; sueño, estrés y estado emocional; esto es importante para evaluar la salud mental y la conducta alimentaria. Y acontecimientos personales relevantes.
Examen físico completo además del peso y la talla, pueden medirse el perímetro de cintura y, cuando esté indicado, la capacidad funcional.
Las pruebas más habituales pueden incluir glucosa, hemoglobina glucosilada, colesterol, triglicéridos, función hepática y renal. Según cada caso, se estudian la función tiroidea, el riesgo de apnea del sueño, la fibrosis hepática, la salud cardiovascular o posibles deficiencias nutricionales. No todas las personas necesitan las mismas pruebas.
El tratamiento busca mejorar la salud global, la función, la movilidad y la calidad de vida.
Debe adaptarse a las circunstancias, preferencias culturales alimentarias, enfermedades asociadas y posibilidades reales de cada persona.
Alimentación
La meta es diseñar una dieta hipocalórica (baja en calorías), de acuerdo a la actividad física, que aporte suficientes proteínas, fibra, vitaminas y minerales.
España cuenta con sus propias recomendaciones oficiales, desarrolladas por la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). Estas guías se inspiran en la dieta mediterránea, un patrón alimentario ligado a la salud cardiovascular y a la prevención de enfermedades crónicas.
Los pilares de esta dieta son:
Hace mención la SENC en sus recomendaciones la actividad física, el descanso adecuado y la vida social, como parte integral de la salud.
La dieta mediterránea no solo es un patrón nutricional, sino también un estilo de vida cultural basado en la sostenibilidad, la cocina tradicional y la socialización en torno a la mesa.
En próximas entregas completaremos esta información con estrategias dietéticas basadas en estudios clínicos.
Nutrición: conceptos esenciales que debes saber
Clasificación de los alimentos: desde los nutrientes hasta el procesamiento
Los 4 pilares de la alimentación consciente para una perdida de peso saludable y sostenible.
Actividad física
El ejercicio regular puede mejorar la presión arterial, la glucosa, el sueño, el estado de ánimo, la capacidad cardiorrespiratoria y la fuerza. Debe adaptarse a la condición física, el dolor, la movilidad y las enfermedades asociadas.
Consulta médica antes de comenzar un plan de ejercicio.
Conducta alimentaria y salud emocional
Valorar la salud mental y la conducta alimentaria desde el inicio permite escoger un tratamiento más adecuado.
Es fundamental explorar la relación de la persona con la comida, lo que puede facilitar el proceso.
Cuando existe una alteración en la conducta alimentaria como la presencia de atracones, ansiedad, depresión o alimentación emocional, la atención psicológica forma parte del tratamiento y no debe verse como un complemento menor.
Medicamentos indicados para la obesidad
En algunas personas están indicados medicamentos que actúan sobre el hambre, la saciedad o la absorción de nutrientes. Los nuevos tratamientos han mejorado las posibilidades de conseguir una pérdida de peso clínicamente significativa, pero requieren prescripción, seguimiento y valoración de beneficios, efectos adversos y contraindicaciones.
Cirugía bariátrica/metabólica
La cirugía puede ser una opción eficaz en determinados casos de obesidad grave o enfermedad metabólica. Requiere evaluación multidisciplinar y seguimiento nutricional y médico permanente.
Las opciones terapéuticas se combinan según la gravedad de la obesidad y las necesidades del paciente.
No es necesario intentar modificarlo todo al mismo tiempo.
Un inicio realista puede consistir en:
Disminuir los dulces, las bebidas azucaradas y el alcohol;
Incluir más alimentos frescos y menos procesados;
Mantener horarios de comida regulares;
Aumentar poco a poco la actividad física o el tiempo activo;
Incorporar ejercicios de fuerza adaptados;
Reducir periodos prolongados sentado;
Establecer un horario de sueño más regular;
Solicitar ayuda profesional si existen atracones, dolor, fatiga o limitaciones de movilidad.
El cambio más útil es el que puede mantenerse y convertirse en parte de la vida diaria.
Crononutrición cuándo comer para cuidar tu metabolismo, tu salud y mantener el peso de forma saludable.
Ejercicio físico Vs sedentarismo porqué es importante movernos.
¿Cuándo conviene consultar?
El peso aumenta rápidamente o sin una causa aparente;
Existen ronquidos intensos, pausas respiratorias o somnolencia diurna;
Aparecen hipertensión, glucosa elevada o alteraciones hepáticas;
Dolor o limitación para caminar y realizar tareas cotidianas;
Atracones, pérdida de control o gran preocupación por la comida;
El peso afecta al bienestar emocional o a la calidad de vida;
Está considerando utilizar medicamentos o productos para adelgazar;
Los intentos realizados no han funcionado o el peso se recupera repetidamente.
Consultar no significa que haya que empezar un tratamiento farmacológico o quirúrgico, significa realizar una valoración completa y decidir qué ayuda puede resultar útil.
Evitar el estigma también forma parte del tratamiento
Las bromas, la culpa y la discriminación no motivan: dañan la salud mental, favorecen el aislamiento y pueden hacer que las personas eviten las consultas médicas.
Reconocer la obesidad como enfermedad no elimina la responsabilidad personal, pero la sitúa dentro de un contexto biológico y social real.
La responsabilidad compartida permite buscar soluciones; la culpabilización suele paralizarlas.
Conclusión
La obesidad es mucho más que una cifra en la báscula. Es una enfermedad crónica compleja, en un contexto biopsicosocial.
Su valoración debe ser integral y considerar si ya existen complicaciones.
El tratamiento debe integrar alimentación, tipo de ejercicio, el descanso, apoyo conductual, medicamentos y cirugía (según el caso).
El primer objetivo no tiene que ser alcanzar un “peso ideal”, sino avanzar hacia una mejor salud, mediante cambios de estilo de vida que puedan mantenerse a largo plazo.
Preguntas frecuentes
¿La obesidad es siempre consecuencia de comer demasiado?
Existe un desequilibrio energético mantenido, pero sus causas pueden ser biológicas, ambientales, sociales, emocionales o farmacológicas. La conducta alimentaria está regulada por hormonas y circuitos cerebrales.
¿Puede existir obesidad con análisis normales?
Sí. Puede no haber alteraciones metabólicas evidentes en ese momento, aunque exista mayor riesgo futuro.
¿El IMC sirve para diagnosticarla?
Es una herramienta inicial, pero debe complementarse con otros parámetros.
¿Perder un poco de peso puede mejorar la salud?
Sí. Una reducción mantenida del 5–10 % puede producir mejoras metabólicas importantes, aunque el objetivo depende de las complicaciones y necesidades individuales.
¿Los medicamentos sustituyen los hábitos saludables?
No. Pueden facilitar el control del apetito y mejorar los resultados en personas seleccionadas, pero se utilizan dentro de un tratamiento integral y requieren seguimiento.
¿Recuperar peso significa que el tratamiento ha fracasado?
No necesariamente. La recuperación es frecuente debido a adaptaciones biológicas. Puede indicar que es necesario revisar el plan, intensificar el apoyo o utilizar otras herramientas terapéuticas.
Fuentes consultadas
Rubino F, et al. Definition and diagnostic criteria of clinical obesity: The Lancet Diabetes & Endocrinology Commission (2025).
NCD Risk Factor Collaboration. Worldwide trends in underweight and obesity from 1990 to 2022 (The Lancet, 2024).
Wharton S, et al. Obesity in adults: a clinical practice guideline (CMAJ, 2020).
World Health Organization. Obesity and overweight.
AESAN e Instituto de Salud Carlos III. Datos de sobrepeso y obesidad en España: estudio ENE-COVID.
Hasta el próximo artículo...
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